Por casi ocho décadas, la idea de los derechos humanos y de la democracia prevaleció en occidente. Se acabó y es muy malo y triste. No es que esos principios se hayan respetado siempre y que no haya habido horrores e hipocresías, pero hoy predomina el cinismo, en especial de quienes se erigieron en las potencias que promovían esos principios.

Hoy Trump, diciendo que los inmigrantes son “enemigos extranjeros” viola la constitución y las leyes de los Estados Unidos, no le hace caso a mandatos de jueces y agentes de seguridad del estado sin identificación, sin mandato legal y sin razón alguna detienen a personas y las lleven a lugares donde pasan semanas detenidos. Un grupo por el solo hecho de llevar tatuajes ha sido enviados a una cárcel en El Salvador, varios sin vinculación alguna con bandas ilegales y sin ninguna prueba o proceso judicial. Por otro lado ataca agresivamente la libre expresión; en las universidades norteamericanas hoy no se puede discutir sobre las atrocidades de Israel en Gaza y a los museos que puedan tener presentaciones que recuerden el racismo y genocidios del pasado, por ejemplo contra los propios indígenas nativos norteamericanos, los ha dejado sin fondos. Trump cuenta en esto con el apoyo de sus megabillonarios aliados; Jeff Bezos el dueño de Amazon es también dueño del Washington Post y ya ha establecido una política de censura en ese periódico emblemático. Sin importarle la democracia ni los derechos humanos, Trump está ahora del lado de Putin. El derecho a la salud le importa un carajo y sin asco recorta fondos de tal manera que varios millones de personas en el mundo morirán de SIDA por esta razón.

En Europa, aunque hay un fuerte movimiento anti-inmigración y xenófobo, negador de derechos humanos, que ha permeado muchos gobiernos, no ha llegado a los extremos de Trump. Pero la mayoría y los principales países europeos siguen respaldando el espantoso genocidio en Gaza. El gobierno israelí de Netanyahu sigue ahí matando por cientos a niños, niñas y civiles en general. Confieso que aparto la vista y paso esas fotos y videos de niños muertos, quemados o destrozados; me desagarran demasiado. La Corte Penal Internacional ya ha establecido que se trata de crímenes de guerra, que no sólo se violan derechos humanos sino incluso las reglas básicas acordadas por la humanidad para situaciones de guerra, como respetar a los médicos que ayudan a los heridos.

EL PASADO QUE QUEDÓ ATRÁS

En 1948, tras la Segunda Guerra Mundial, bajo el dominio de Occidente y en especial de Estados Unidos, se aprobó la Convención Universal de los Derechos Humanos.  El genocidio nazi contra judíos, gitanos, comunistas, homosexuales y personas con discapacidad junto a cientos de miles de mujeres violadas por soldados rusos, americanos y otros clamaban por un cambio. El hecho de que apenas habían pasado dos décadas de la Primera Guerra obligó a la reflexión, había que parar las causas básicas de la guerra planteando algunos principios básicos que valieran para todas las personas: los derechos humanos. Luego siguieron décadas de luchas anticolonalistas; la idea de que cada pueblo fuera artífice de su propio destino avanzó y llegaron las independencias políticas de grandes países como India, Indonesia, Filipinas, Nigeria, Vietnam y muchos otros.

Hemos regresado ahora a un momento de mayores agresiones colonialistas. Israel invade Gaza y parte de Líbano y de Siria. Putin invade Ucrania. Trump insiste en que Estados Unidos se apropie de Groenlandia, habla de anexar a Canadá, ya está logrando botar a los chinos de Panamá y quisiera hacer lo mismo en Chancay, ya lo dijo clarito su enviado especial para América Latina Mauricio Claver-Carone. Para imponer sus políticas violenta la legalidad internacional y los tratados firmados entre países para llevar la fiesta en paz y saber todos a qué atenerse, caso de la OMC y el tratado comercial que él mismo firmó con México y Canadá hace apenas seis años lo respeta y del Acuerdo de Paris sobre cambio climático.

EL RECUERDO DE 1936-1938

Me hace recordar un periodo vivido noventa años atrás. En 1936 España fue víctima de un golpe de estado por parte de algunos generales. La aviación y el ejército encabezados por Francisco Franco atacaron a la República, iniciando una guerra civil. Los siguientes años, Franco recibió aviones, bombas y armas de la Alemania nazi y miles de soldados del fascismo italiano. Aviones alemanes e italianos, bajo órdenes de Hitler y Mussolini, bombardearon muchas ciudades para doblegar la resistencia, siendo Gernika el caso más conocido, pueblo vasco que quedó destrozado con cientos de muertos. Mientras tanto, las democracias occidentales le dieron la espalda a la democracia española, incluso negándose a venderle armas ni aunque fueran pagadas en oro.  En 1938 Hitler avanzó en sus planes expansionistas tomando por la fuerza una parte de Checoeslovaquia, los llamados ´Sudetes’. El entonces primer ministro inglés Chamberlain aceptó la invasión y firmó un pacto con Hitler, que éste desconocería meses después capturando toda Checoeslovaquia. Chamberlain siguió aceptando. Unos meses después Hitler invadió Polonia y se desató la Segunda Guerra Mundial, con el saldo de millones de muertos y atrocidades sin fin.

No es la primera vez en la historia que varios de países occidentales dejan de ser democracias, no es la primera vez que democracias occidentales se inclinan ante el autoritarismo y las dictaduras, no es la primera vez que imperialismos desatados traen atroces guerras al mundo. Ni yo ni ninguno de quienes me leen vivimos esa historia, pero ojalá que podamos aprender algo de esa experiencia. Los derechos humanos, la democracia y una paz basada en el respeto a la autodeterminación de los pueblos no deben abandonarse. Una vez más debemos decirle a las dictaduras y a los imperialistas ¡No pasarán!