En recuerdo de Marfil

Resolver la inequidad que existe entre hombres y mujeres es uno de los grandes retos de nuestro tiempo. Luego de un lento pero incesante avance de los derechos de las mujeres en el mundo durante más de un siglo, vivimos un tiempo de gran reacción machista, con muchos fakenews propagandizados mediante memes y minivideos de diez segundos. Tiene el apoyo de la ultraderecha en el mundo, Donald Trump llegó a decir que «cuando eres una estrella puedes hacerles lo que quieras, agarrarlas por la vagina» y ha sido acusado de acoso sexual por 26 mujeres. Felizmente hay valiosas resistencias desde el movimiento de los derechos humanos y el feminismo. También hay otro empuje de las mujeres, menos visible pero no menos importante y que avanza imparable, progresando en la educación superior, el profesionalismo y la ciencia, mientras se apartan de considerar al matrimonio y la maternidad como obligaciones incuestionables.

Veamos algunos datos de la desigualdad de género en la economía peruana. Las mujeres ganan 27 por ciento menos que los hombres y se ven empujadas a un trabajo informal en un 10 por ciento más. Adicionalmente a sus labores remuneradas, ellas dedican cinco horas diarias de tareas domésticas y de cuidado mientras que los hombres sólo hora y media, diferencia que suma cien horas al mes. Menos de 5 por ciento de gerentes generales de grandes empresas son mujeres y entre los miembros de directorios de compañías solo el 13 por ciento son mujeres. Estudios económicos en los últimos años han calculado la llamada “penalidad por maternidad”. En nuestro país el 41 por ciento de mujeres deben dejar de trabajar cuando tienen un hijo y aún sigue fuera del mercado laboral diez años después.  Es una de las tasas más altas del mundo: en Chile, Colombia y Brasil ese porcentaje es 37, en Bolivia 23, en la India y Estados Unidos 25 y en China 4. Muchas mujeres que consiguen regresar a trabajar deben hacerlo en puestos de menor categoría y con sueldos más bajos. Claudia Goldin, una de las (apenas) tres mujeres que han recibido el premio nobel de economía, publicó el año pasado un estudio que vincula esta “penalidad por maternidad” con la tendencia histórica a mayor educación y trabajo de las mujeres y con la caída en la fecundidad, es decir, del número de niños que están naciendo. Este es un cambio demográfico de enorme importancia que se ha acelerado las últimas décadas; en el Perú y la mayor parte de países del mundo ahora las mujeres tienen menos de dos hijos en promedio y por eso en unos años la población iniciará un descenso, como ya lo está haciendo en Japón, Corea y China. Goldin establece que las mujeres quieren tener buenas oportunidades económicas, pero si se casan o tienen hijos eso depende de que puedan compartir con justicia la carga de trabajo doméstico. Como lamentablemente faltan hombres dispuestos a eso, muchas optan por un desarrollo profesional que les asegure una vida de mayor autonomía y prosperidad, postergando o descartando el matrimonio y la maternidad.

A pesar de que persisten grandes desigualdades de género, en los últimos años ha saltado en el mundo y el Perú una reacción machista. Como ya es imposible negar las capacidades de las mujeres, que fue el argumento usado en las primeras décadas de lucha feminista, han retomado una justificación ideológica de su rol reproductivo. En nuestro país, el lado más ultra de esta reacción machista ha venido de grupos conservadores político-religiosos que rechazan la equidad de género. La congresista Milagros Jáuregui, candidata de Renovación Popular, ha dicho que el hombre fue puesto por Dios como cabeza del hogar, que la mujer debe estar “sujeta a la autoridad del hombre, sumisa” y que es su responsabilidad “traerle una descendencia”. Sí, aunque suene paradójico, el mayor discurso machista político en nuestro país viene de una mujer, que por cierto no tiene nada de sumisa. Es sobre ese discurso que la bancada de Renovación Popular junto al resto de mafias congresales y Dina Boluarte han eliminado que en nuestros colegios haya educación sexual integral; pretenden imponer sus arcaicas creencias en base a mantener en la ignorancia a nuestras niñas, niños y adolescentes. Jáuregui, del partido de López-Aliaga, ha llegado al extremo de publicitarse junto a adolescentes y menores de 14 años que han sido violadas y forzadas a la maternidad, niñas recluidas en centros manejados por ella que – ilegalmente – han sido obligadas a mostrarse en público.

Hay más. López-Aliaga condecoró al ex –  arzobispo Cipriani a pesar de encontrarse sancionado por la iglesia católica acusado por haber abusado sexualmente de un chico adolescente durante una confesión. Porky es tan cercano al Sodalicio, ese reducto de pederastas disuelto por la iglesia católica, que su compañía Acres Finance ha asumido el control de nueve cementerios con los que el Sodalicio hacía muy buen dinero. De esta manera, más allá de sus palabras, no sólo respalda que los hombres puedan imponer su voluntad sobre las mujeres si no incluso protege a quienes han cometido abusos sexuales contra adolescentes y niños. Este machismo ultra, aunque lo niegue de palabra, en su práctica defiende que la dominación de hombres adultos se extienda hasta la pederastia. Un asco.

Este 8 de marzo conmemoramos la lucha histórica de las mujeres por justicia, recordando el movimiento que hace más de un siglo protagonizaron obreras textiles por limitar la jornada laboral a diez horas y poner fin a la explotación de niños trabajadores. La mejor forma de hacerlo es resistiendo esa reacción machista extrema y seguir luchando por justicia y dignidad para todos los seres humanos, sin distinción de sexo, edad o procedencia.

PD: Este artículo se demoró en salir, pero que salga una semana después de lo planeado tiene una ventaja, que es mantener la atención sobre este tema más allá de la fecha conmemorativa del 8 de marzo.