El Perú se concentra en las elecciones. Se darán en un momento decisivo para el mundo, una coyuntura crítica como hemos visto pocas, a pesar de lo cual la situación internacional no está presente en los discursos de los candidatos. Es un error.  Se multiplican las guerras en diversas latitudes y el hegemón imperial ataca haciendo trizas el derecho internacional. En la economía sabemos que más de la mitad del crecimiento fluctúa según factores internacionales; somos un país pequeño y dependiente que cual barquito a vela se mueve según los vientos que vienen del norte. La nueva velocidad de las comunicaciones ha hecho que las controversias ideológicas y culturales internacionales se sientan con mucha más fuerza que antes. Lo que antes parecía seguro se desvanece en el aire.

Desde que hace más de un año Donald Trump asumió la presidencia de los Estados Unidos, el mundo enfrenta una situación tumultuosa, por decirlo suavemente. Trump se enfrentó a todos los países del mundo con un aumento de aranceles que violó los acuerdos multilaterales de la OMC y los tratados de libre comercio que Estados Unidos había firmado con muchos, incluido el Perú. Pero ninguno de los tres presidentes que hemos tenido en este periodo ha dicho nada, ni López-Aliaga, Keiko Fujimori o su socio Cerrón se dignaron levantar la voz y el congreso bajo su égida se mantuvo impávido. Luego llegó el ataque a Venezuela, que ha quedado muy claro se debió al interés de Trump en el petróleo y las riquezas, para nada en la democracia. La brutal violación de la soberanía de un país sudamericano, nunca vista antes desde nuestra independencia hace doscientos años, tampoco hizo que ninguno de estos personajes levantara la ceja. Por el contrario, la política de su gobierno, desde Boluarte y Jerí y ahora con Balcázar, ha sido de servilismo extremo. Firmaron un memorándum para entregarles nuestros minerales críticos y han decidido que la compra de cazas de guerra sea a Estados Unidos en vez de a Suecia aunque nos dan sólo la mitad de aviones. Parecen olvidar que cada año China compra 15 mil millones de dólares más de exportaciones peruanas que Estados Unidos (aunque son mayoritariamente minerales sin procesar) y su inversión en nuestro país es más del doble que la estadounidense llegando a 28 mil millones de dólares.  A pesar de que arrodillarnos a Trump puede tener altos costos, López-Aliaga ha hecho esfuerzos y buscado reuniones para parecer su aliado, aunque últimamente está más calladito, y Keiko ya se reunió con el embajador de los Estados Unidos a escondidas, participando así en un intervencionismo inaceptable en las elecciones, que son asuntos internos.

Trump busca imponerse en toda América con un imperialismo desembozado. Habla de someter a Canadá y a Venezuela y convertirlas en parte de Estados Unidos. Ha querido meter a su fuerza armada en México. Impuso al presidente de Honduras luego de indultar al ex – presidente del mismo partido sentenciado por narcotraficante. Impuso sanciones a Brasil sólo porque la Corte Suprema (autónoma) de ese país sancionó a Bolsonaro por golpista. Está ahogando a Cuba y ahora interviene en las elecciones de Colombia acusando – sin sustento – a Gustavo Petro de narco. Quienes desde nuestro país le han venido haciendo el juego al agresor, lo envalentonan y refuerzan.

Estas últimas semanas la situación internacional ha dado un giro. Llevado de las narices por Netanyahu, Trump atacó a Irán sin plan estratégico y ahora está metido en camisa de once varas, enredado y sin saber cómo salirse. Irán, aunque tremendamente golpeado, ha cerrado el estrecho de Ormuz por donde pasa el 20 por ciento del petróleo mundial y todo indica que puede mantener esa tenaza por buen tiempo. El petróleo ha subido 70 por ciento de precio en el mercado mundial, generando un impacto inflacionario a nivel mundial. Con el alza de precios de la gasolina y el gas en 40 por ciento o más, sufren los consumidores, directamente e indirectamente porque ese aumento significa mayores costos de transporte y de producción.  Además, los oligopolios aprovechan el río revuelto para elevar sus márgenes de ganancias, como ha mostrado a nivel internacional la economista Isabella Weber. Al subir los precios se ve golpeado el consumo, provocando un efecto recesivo sobre la economía. Cuánto aumente la inflación y se detenga el crecimiento mundial depende sobre todo de cuánto dure la guerra. Cada país puede tomar medidas que amengüen el efecto, pero para eso se necesita tener gobierno, inexistente ahora en el Perú, y que ese gobierno actúe en pro del bienestar público, algo más difícil aún.

Si en Estados Unidos esta alza de la gasolina se mantiene, los republicanos de Trump se encaminan a una derrota en las elecciones de noviembre donde renuevan su congreso. Por eso Trump ha retrocedido en su amenaza de mayor agresión contra Irán, pretextando unas conversaciones inexistentes. Con eso frenó un poco el alza del petróleo, pero sigue en un callejón sin salida próxima para la guerra. Por otro lado, la Corte Suprema de Estados Unidos se trajo abajo a sus aranceles discriminatorios, declarados inconstitucionales. Hay una buena posibilidad de que dentro de ocho meses Trump, quien actúa como emperador omnipotente pero no pasa de ser un bocón agresivo, inhumano e inmoral, ya sea un pato cojo. Ojalá. Pero la situación internacional, insisto, es crítica y volátil.

Como la gran mayoría, estoy muy molesto porque tenemos un grupo mafioso que quiere enquistarse en el poder. Una primera condición indispensable para pensar en nuestro voto es #PorEstosNo, por estos rateros no. Pero eso no basta. Necesitamos elegir a quienes defiendan nuestra soberanía y sepan guiarnos en aguas turbulentas, actuando en favor de todos los peruanos sin discriminaciones ni exclusiones. Hay que pensarlo bien.