
Ofrecí al director del semanario escribir sobre los debates presidencial en materia económica. No pude hacerlo. Los candidatos favoritos soltaron ideas inconexas mientras faltaba coherencia entre palabras y hechos, como la señora Fujimori cuando habló de “igualar oportunidades” tras haberles regalado 20 mil millones a las grandes agroexportadoras sin dar ninguna mejora a los pequeños productores. Sin presentaciones programáticas o discusiones técnicas, los debates han sido expresión de una campaña muy opaca, producto del caótico y oligárquico régimen electoral que nos ha endilgado el pacto mafioso.
Dentro de una semana nos enfrentaremos a una cédula de votación dificilísima. Deberemos votar en cinco columnas para la presidencia, senado, diputados y parlamento andino. Aunque habrá un solo senado hay dos votaciones, una por “senadores nacionales” y otra por “senadores regionales”. Cada ciudadano puede votar por cinco partidos distintos y si quiere usar su voto preferencial, en Lima puede marcar hasta por diez candidatos. Enfrentamos unas elecciones casi indescifrables y ya me imagino el lío que serán las mesas electorales. Este embrollo se refleja en las calles, donde hay un desorden de paneles con caras y nombres desconocidos que no comunican absolutamente nada.
La atención se concentra en elegir presidente, pero debemos recordar que la última década elegimos dos y tuvimos ocho. Desde el congreso el fujimorismo y sus aliados nos impusieron otros seis, generando un desorden monumental. ¿El presidente que elijamos ahora llegará a mantenerse dos años? Quién sabe. Lo que sí tendremos es un senado superpoderoso con la capacidad de vacar presidentes pero que nunca puede ser cerrado haga lo que haga, que definirá las leyes a su antojo y elegirá cargos de enorme importancia como el presidente del BCR, el Tribunal Constitucional y la Junta Nacional de Justicia que controla el poder judicial y las fiscalías. La mitad de ese senado será elegido mediante “distrito único”, lo que concentra la decisión en Lima y en quienes pueden invertir millones en campaña, regresándonos a un centralismo oligárquico. Hemos sufrido una reforma constitucional de facto, impuesta desde el congreso por el pacto mafioso #PorEstosNo, que creó el senado en contra de un 90 por ciento de ciudadanos que votaron en referéndum. También han santificado que el congreso saque al presidente cuando le dé la gana, sin siquiera procesos elementales que permitan defensa y deliberación, generando este caos de presidentes incapaces y efímeros. Keiko Fujimori, López-Aliaga, Acuña y Cerrón han sido el núcleo de la alianza que ha producido esto, no debemos olvidarlo.
Este mismo pacto mafioso ha logrado que desconfianza ciudadana ha sido llevada al extremo. A menos de dos semanas de las elecciones casi la mitad de la ciudadanía no quiere a ningún candidato. Quienes se concentran en analizar las encuestas llaman tendencias a lo que no pasan de ser errores estadísticos del 1 o 2 por ciento que no representan cambios reales. A estas alturas nada está definido respecto de los resultados electorales, convirtiendo al “voto estratégico” (decidir entre los que tiene posibilidades) en una nueva forma de timba. La desconfianza ciudadana es entendible tras tanta mentira, corrupción, incapacidad, abuso y violencia contra el pueblo por parte de quienes han gobernado. Hay ahí una causa grande de la informalidad extrema, el caos callejero y la inseguridad ciudadana.
Han generado de esta manera condiciones con las que los dueños del Perú pretenden ganar a rio revuelto. Sus candidatos se ven favorecidos por el control de los grandes medios de comunicación y la capacidad de invertir millones en redes, mintiendo y engañando con memes y clips donde predomina la impresión de unos segundos y se cancela la reflexión. En lo económico, se sobreponen grandiosas ofertas electorales que costarían miles de millones, mientras Keiko insiste mentirosamente en decir que defiende la Constitución económica de 1993, cuando ella misma la cambió para permitir que el congreso regale dinero por doquier sin tener ningún cuidado por el equilibrio fiscal y contar con los ingresos tributarios que se necesitan. Como si se pudiera hacer tortillas sin romper huevos. Salvo Ronald Atencio y el equipo de Venceremos dirigido por Gustavo Guerra-García, nadie se ha atrevido a ponerle el cascabel al gato y levantar la voz afirmando que para mejorar la educación, la salud y la vida de los peruanos se necesita cobrar impuestos justos a mineras, monopolios y billonarios.
Mientras tanto nos enfrentamos a grandes problemas. Sufrimos una inseguridad creciente frente a la cual las ideas presentadas en esta campaña no tienen ninguna profundidad. Como si bastara prometer pena de muerte, mientras lo primero es capturar a los choros y asesinos con una policía y un poder judicial limpios y eficaces. Como si jóvenes carentes de oportunidades y sometidos a la ideología de que lo único importante es tener mucha plata, no fueran presa fácil de los cantos de sirena de las bandas extorsionadores.
Vemos en el Medio Oriente una guerra de grandes consecuencias mundiales que ha negado valores éticos esenciales y abierto un nuevo reordenamiento global, pero para nuestros candidatos pareciera que al Perú eso no le incumbe, aunque el precio de los combustibles ya saltó. La derecha repite el mantra del “libre mercado”, como si los mismos Estados Unidos que impusieron esas ideas hace treinta años no hubieran ya destrozado los tratados comerciales internacionales, entrado a una agresiva política de arrancharle recursos a otros países y pasado a un mercantilismo extremo en favor de los billonarios amigos de Trump.
¿Debates? Salvo excepciones, apenas pullas histriónicas en medio de una crisis nacional y mundial de proporciones. Difícil elegir. Empecemos descartando a quienes nos han traído a esta crisis y no olvidemos que el senado será fundamental en los años que vienen.
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