Para nuestro país ¿cuáles son las consecuencias del ataque de Trump a Venezuela y su captura del ex – dictador Maduro? Concentro este análisis en el Perú exclusivamente, arriesgándome a presentar una mirada muy provisional dada la incertidumbre sobre lo que sucederá en Venezuela y la región.
Muchos peruanos se preguntan si en estas nuevas condiciones los venezolanos inmigrantes regresarán masivamente a su país. El factor esencial al respecto es su economía. Un previsible levantamiento del bloqueo y las sanciones financieras le dará alivio a la economía venezolana, pero una recuperación de su producción petrolera, de lo que han vivido por décadas, va a ser lenta y con las ganancias concentradas en compañías gringas. Puede descartarse una recuperación rápida de la economía venezolana a sus niveles pre-crisis, con lo que ese factor de atracción no será tan potente, habiendo otro asunto aún irresuelto que es la seguridad, paz y tranquilidad. Muchos venezolanos además ya han echado raíces de diverso tipo en nuestro suelo. En resumen, todavía es muy temprano como para andar pronosticando retornos masivos. En un tema relacionado, quienes creen que este cambio puede significar que haya más control sobre organizaciones criminales que operan en la región como el Tren de Aragua, lamento decepcionarlos: eso no es algo que interese a los Estados Unidos y esas bandas extorsionadoras nunca estuvieron controladas por Maduro.
El mayor impacto del ataque a Venezuela es, sin embargo, la fuerte señal de que Trump quiere agresivamente apropiarse de los recursos de Latinoamérica. Ya hace unas semanas en su “Estrategia de Seguridad Nacional” Trump dejó establecido, en blanco y negro, que promover la democracia no le importa, que esta es la región donde concentrará su poder y que su objetivo es apropiarse de nuestro petróleo, cobre, minerales raros y activos críticos. Este ataque a Venezuela muestra que este “corolario Trump” de la doctrina Monroe se aplica bajo las condiciones de enorme poder militar que hoy tiene Estados Unidos, contando con una fuerza para imponerse mucho mayor que cualquier otra que se haya aplicado antes en la región. Lo que acabamos de presenciar es el primer ataque militar directo de Estados Unidos en Sudamérica en toda la historia; ellos han invadido México, Centroamérica y el Caribe muchas veces en el siglo XX y la CIA ha actuado de manera encubierta en gran cantidad de países, pero sus misiles no habían explotado ni sus tropas habían atacado abiertamente en Sudamérica. Este despliegue de poder es un mensaje brutal que ningún gobernante o líder político puede tomar a la ligera, y Trump ha sido muy claro: no le interesa la democracia sino sólo el petróleo y los recursos naturales. Con este ataque Trump, igual que los extorsionadores cuando asesinan a un chofer de bus, genera mucho miedo para así acumular poder. En Venezuela misma, Trump ha favorecido que gobierne la vicepresidenta de Maduro pero amenazándola directamente para que se rinda a sus deseos, frente a lo cual ya Delcy Rodríguez ha agachando la cabeza. Pero su objetivo de dominación y expoliación va mucho más allá, tras esta ilegal agresión Trump inmediatamente lanzó nuevas amenazas contra Colombia y Groenlandia, y ese era uno de sus objetivos, poder generar más miedo.
¿Acaso Perú está fuera del interés de Trump como piensan algunos? No es así: ya el ministro de relaciones exteriores del gobierno de Jerí ha revelado que están “evaluando” una propuesta de Estados Unidos en relación a nuestros minerales estratégicos. En otras palabras ya Trump sacó las garras y lo que piden se mantiene en absoluto secreto mientras nuestros ministros y congresistas no dicen ni pío. Por otro lado, ya anteriormente altos funcionarios y mandos militares de los Estados Unidos en reiteradas oportunidades han criticado púbicamente que el puerto de Chancay esté en manos chinas. Así que aunque no estamos aún en la primera línea de fuego, sí estamos en su lista de objetivos. Hoy el Perú se encuentra estancado bajo un modelo extractivista, siendo China nuestro principal socio comercial y su inversión muy superior a la norteamericana. Mientras nuestro cobre y oro obtienen precios increíblemente altos, exportamos apenas concentrados sin refinar, los minerales raros se exportan sin un control mínimo y las mineras no pagan impuestos justos. Pero mantener el modelo extractivista pasando a que nuestros recursos se los lleven compañías norteamericanas no ayuda en nada; incluso bajo la extorsión trumpista puede ser aún peor y el tránsito sería sumamente costoso. Hay que abrir otro camino al desarrollo. Nuestros objetivos deben ser industrializarnos y hacer que nuestra riqueza natural beneficie a los peruanos en vez de irse a los bolsillos de algún billonario extranjero. Tener un matón como Trump amenazándonos hace mucho más difícil avanzar en este cambio indispensable.
En estas circunstancias, las reacciones de Jerí, Keiko y Porky tras el ataque a Venezuela han sido aplaudir al extorsionador, mientras mantienen en secreto la propuesta trumpista para quedarse con nuestros minerales críticos. Quienes hoy nos gobiernan apenas siguen la política del Felipillo, poniéndose a órdenes del conquistador extranjero pensando que con eso pueden obtener sus treinta monedas de plata. No se trata de reaccionar con bravuconadas contra quien tiene un poder muy superior, pero tampoco de olvidarnos que nuestro himno nacional lo empezamos cantando “somos Libres, seámoslo siempre”. Una buena iniciativa ha sido el comunicado conjunto de Brasil, Colombia, Chile, Uruguay, México y España rechazando el ataque trumpista, insistiendo en que Latinoamérica debe ser una zona de paz y manifestando “preocupación ante cualquier intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales o estratégicos”. Se trata de un buen punto de partida para plantear políticas de defensa de nuestra soberanía, un reto tan difícil como indispensable.
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