
El gobierno de Jerí, de transición y baja legitimidad, estuvo encadenándonos a los Estados Unidos. Han avanzado tres pactos con costos muy altos y de forma nada transparente que marcarán el rumbo del país por décadas.
La nueva Base Naval del Callao le costará al Perú mil 500 millones de dólares pero la construcción y equipamiento será dirigida por una veintena de altos funcionarios y militares norteamericanos que estarían al mando por al menos una década. Estados Unidos controlará la tecnología y sistemas de información claves de la base naval, con lo cual tendrá el dominio de la base. ¿Por qué el cambio de la Base? El objetivo es liberar 80 hectáreas para la construcción de un nuevo muelle en el Callao, obviamente en respuesta a que Chancay esté bajo control chino. Así, los Estados Unidos, junto al control de una base naval, se abren el espacio para tener su propio puerto comercial, con el costo pagado por nosotros. Nótese que, en el conflicto portuario, ya Panamá sacó a las empresas chinas de sus puertos, tal como lo había demandado Trump. El dominio marítimo ha regresado a ser clave en la geopolítica mundial, con fuertes inversiones tanto de China como de EEUU en sus armadas. Las últimas semanas el gobierno norteamericano oficialmente ha dicho estar preocupado porque el Perú “podría verse imposibilitado de supervisar Chancay, uno de sus puertos más importantes, bajo la jurisdicción de propietarios chinos depredadores…Que esto sirva de advertencia para la región y el mundo: el dinero barato chino cuesta soberanía”. Bueno, el dinero caro de Estados Unidos también nos ha venido costando soberanía y quiere llevarse más. En cuanto a cómo supervisamos a los chinos, hay una disputa judicial no resuelta definitivamente en relación a Ositran y todos los demás mecanismos de supervisión permanecen legalmente en pie, aunque nuestros gobiernos por décadas han optado por usarlos muy poco ante los inversionistas extranjeros de cualquier parte del planeta.
Otro gran asunto es la compra de aviones de guerra, para la cual Dina Boluarte y este congreso aprobaron un presupuesto especial de 3 mil 500 millones de dólares. La FAP ha pre-seleccionado el F-16 de EEUU, el Rafale F4 francés y el sueco Gripen. Se ha planteado comprar 24 aeronaves, pero con los 3 mil 500 millones los gringos solo nos venderían una docena de F-16. A pesar de eso, el primer ministro Ernesto Alvárez dijo que la compra se hará al gobierno de Trump debido al “liderazgo no solo regional sino mundial” que ejerce. ¿Es acaso “liderazgo” arranchar recursos ajenos y lanzar bombas asesinas por doquier , apropiarse de Gaza y perseguir latinos? El ministro de defensa anunció que esta compra se firmará con este gobierno, aunque estamos hablando de una suma enorme, similar a toda la inversión de los 25 gobiernos regionales en un año, que además nos compromete como país por varias décadas en términos de dependencia militar estratégica, algo para lo que un gobierno de transición no tiene legitimidad. ¿Por qué tanto apuro? En estas compras, si son oficiales se suele cobrar una comisión de entre 3% y 7%, en este caso entre 100 y 250 millones de dólares. Intermediarios mafiosos cobran mucho más. Algo a no perder de vista si se quiere entender por qué Jerí se entretenía en cenas privadas con la familia del comandante general del ejército y mantenía reuniones con su hija hasta la medianoche.
El tercer pacto importante es la entrega de nuestros minerales estratégicos. El memorándum de entendimiento respectivo se firmó en Washington DC por el canciller peruano Hugo de Zela. Según la noticia oficial “el Perú reafirmó su condición de socio estratégico confiable en materia de seguridad y resiliencia de las cadenas de suministro de minerales críticos”. Estos minerales son indispensables para las nuevas computadoras requeridas para la IA, son escasas, hoy las domina China y son un tema de seguridad nacional para los Estados Unidos. El Perú ni siquiera sabe cuánto de estas “tierras raras” salen mezcladas en nuestros concentrados al exterior. Pero en esas condiciones, ya las estamos entregando a los Estados Unidos, firmando un memorándum que ni México, ni Brasil, ni Chile ni Colombia han suscrito.
Parte del interés es de Trump y sus amigotes corruptos. Acaba de llegar al Perú un nuevo embajador de los EEUU, Bernie Navarro, que no es diplomático de carrera sino un empresario inmobiliario amigo de Trump. Navarro ha sido demandado por un banco de la Reserva Federal (Fed), como el BCR peruano, porque en pandemia le dieron préstamos por más de 4 mil millones de dólares a su empresa Benworth, que cobró comisiones por trabajar ese dinero por 680 millones y aunque le deben 67 millones al Fed transfirieron 49 millones a Bernie Navarro y su esposa. Es tan agresivo y sinvergüenza que ahora tuitea proponiendo que comamos ceviche de hamburguesa.
La posición del gobierno de Jerí frente a Trump fue entreguista y de rodillas. La experiencia ha mostrado que, cuando se actúa así, Trump quiere más; Europa se inclinó y ahora quiere quedarse con Groenlandia. Igual está pasando en nuestro país; tras esas tres entregas el embajador Navarro echa barro con ventilador contra las inversiones chinas en Perú como si fuera un influencer achorado, en total intromisión en asuntos peruanos. Hay muchas cosas por mejorar en cuanto a las inversiones chinas en Perú, pero eso es un asunto nuestro y de nadie más, menos de Estados Unidos cuya postura frente a China es “sácate tú para ponerme yo”. Mientras tanto, Keiko Fujimori se la ha jugado defendiendo a este Jerí sinvergüenza y López-Aliaga se ha querido presentar como amigazo de Trump y su banda. Urgentemente necesitamos recuperar autoestima nacional y defensa de nuestra soberanía.
PD: Con el gobierno de Balcázar todo apunta a lo mismo: acelerado saludo y reunión privada con el embajador de EEUU y ninguna comunicación conocida con otros países, Hernando de Soto de primer ministro, clara configuración de gobierno continuista en todas las políticas de la coalición mafiosa
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