Los ingresos extraordinarios de las grandes mineras formales de cobre y oro este año este año superarán los 75 mil millones de soles. Esto se debe a precios internacionales que están en la estratósfera y está calculado bajo un estimado muy conservador que compara los precios de ahora con los ya muy altos del ´boom´ anterior (usé como comparación los del año 2011).  Esa suma es tres veces el déficit fiscal del año pasado. Es bastante superior a la inversión pública realizada por la totalidad de los ministerios, instituciones, gobiernos regionales y municipalidades del país, que con solo una parte de estos recursos podría dar un salto sustancial. En un solo año llega al triple del costo de la nueva carretera central, la que según la ministra Miralles tiene que privatizarse porque no hay forma de cubrir su presupuesto.

Los precios del cobre ya habían subido hacia el 2011, el inicio del gobierno de Ollanta Humala, cuando estuvieron casi en 4 dólares la libra. En ese entonces se hizo un reajuste de los impuestos a la gran minería, que fue insuficiente y no alcanzó para un reparto justo de nuestra riqueza natural. Luego de la pandemia los precios internacionales empezaron nuevamente a subir y fue cuando en 2021 propusimos una reforma tributaria, uno de cuyos puntos centrales era que una porción de la riqueza minera que se llevan las grandes corporaciones mineras sirva para la educación, salud pública y desarrollo rural. El fujimorismo, junto a Porky y Acuña y toda la coalición mafiosa que controla el congreso, la sabotearon.

Hoy los precios de los minerales que salen de nuestro territorio tienen un nivel récord. El cobre bordea los 6 dólares la libra, al inicio de este milenio valía 80 centavos, se ha multiplicado por seis. La onza de oro superó la barrera de los 5 mil dólares, veinte veces más que el año 2000. No se conocen precios tan elevados en al menos 75 años; casi no hay peruanos que lo puedan recordar.

El año pasado las exportaciones de cobre peruano fueron 27 mil millones de dólares. Pero el precio ha seguido subiendo fuertemente en todos estos meses y este 2026 las grandes mineras, solo vendiendo la misma cantidad de cobre que el año pasado al precio de ahora, obtendrían 35 mil millones. Comparando con los precios del 2004, cuando se estableció la ley de regalías gracias al tesón de Javier Diez Canseco, ¡son 28 mil millones más! Las exportaciones de oro formal el año pasado fueron 11 mil millones de dólares, pero también el precio del oro ha seguido subiendo muy rápidamente. La misma producción se vendería este año por 15 mil millones, 13 mil millones más que a precios del 2004, y eso hablando solo del oro extraído por las grandes empresas que es la mitad de lo que se exporta actualmente.

Estas alzas de precios han sido totalmente imprevistas; ahí están las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el BCR de años anteriores.  Por ejemplo, para el estudio sobre tributación minera que encargamos al FMI el 2021, ellos consideraron un precio del cobre de 3.50 y del oro de 1,550, muy por debajo de los precios actuales. Es que el mundo ha cambiado de formas que nadie pensaba. El cobre sube por la enorme demanda de energía de los centros de Inteligencia Artificial y la transición a energías sostenibles y vehículos eléctricos. El oro sube por las sanciones económicas y financieras aplicadas por Estados Unidos y la Unión Europea a diversidad de países, apropiándose de cuentas con fondos enormes. Esto ha hecho que muchos bancos centrales se sientan inseguros y giren sus reservas hacia el oro, algo que aún no hace el BCR peruano. Además, las políticas de Trump han generado creciente desconfianza de los inversionistas en el dólar y busquen otras formas de mantener su dinero (menos las criptomonedas que han entrado en crisis). Para nuestro país, lo relevante es que tras estos cambios inesperados, las grandes mineras tienen gigantescas ganancias adicionales que no se deben a nuevas inversiones, mejor gestión o avance tecnológico, si no a la pura suerte. Se sacaron una lotería de miles de millones. No debemos olvidar, sin embargo, que ellos no son los dueños, se trata de minerales que le pertenecen a la Nación según nuestra Constitución. ¿No debiéramos entonces poder usar parte de esos recursos para que los peruanos tengamos mejores condiciones de vida?

Hay buenas razones para ello. Los datos comparativos internacionales -para el 2022- indican que Chile captó para el fisco 3,3% del PBI de su minería mientras que el Perú obtuvo la mitad de esa cifra. Aun con esa diferencia, Chile aprobó el 2024 aumentó las regalías para recaudar 0,45% del PIB adicional. Además, mientras en Chile los costos de producción promedio están en 2 dólares la libra, en Perú la mayor concentración de minerales y ventajas energéticas ponen los costos 25 por ciento por debajo de ellos. Nuestro recurso natural es más rico pero los peruanos obtenemos menos del mismo que Chile.

Sobre este asunto el 2021 encargamos un estudio al FMI, organismo insospechable de izquierdismo. Este concluyó que sin afectar la posición competitiva de la minería peruana se podía elevar su contribución al fisco. Para el 2026, con los mayores precios, la brecha en el aprovechamiento social de nuestros recursos ha aumentado y la rentabilidad de las grandes empresas se ha disparado. Hay amplio espacio para un nuevo esquema tributario que sea más justo y nos permita acotar el déficit fiscal, acelerar la inversión pública y rescatar la salud y seguridad social de su desastroso estado actual. Hoy que muchos candidatos prometen regalarnos corvinas fritas con su limón, es necesario preguntarles de qué cuero saldrán esas correas.